La IA lee los historiales que los médicos no llegan a revisar y encuentra a los pacientes que corren el riesgo de quedar desatendidos
Una gran parte de los datos de pacientes que se recogen en la sanidad queda sin utilizar: registrados en texto libre que nunca se interpreta de forma sistemática. Healthleap ha asegurado ahora más de 400 millones de coronas suecas para cambiar esa situación: la plataforma de IA de la empresa se conecta directamente al sistema de historiales clínicos del hospital y señala a los pacientes hospitalizados que podrían tener diagnósticos pasados por alto, como desnutrición o confusión. Al mismo tiempo, Google invierte millones de dólares en la visión de Chan Zuckerberg Biohub de una célula virtual completa. Juntas, ambas iniciativas apuntan hacia una sanidad en la que la IA avanza desde la práctica clínica cotidiana hasta el núcleo más profundo de la biología.
Cuando el historial empieza a hablar
Existe una paradoja en la medicina moderna de la que se habla con demasiada poca frecuencia: recogemos más datos de pacientes que nunca, pero una gran parte de ellos sigue sin utilizarse. Las notas manuscritas de los clínicos, las observaciones clínicas sobre el apetito escaso o las dificultades para tragar, todo ello acaba en texto libre que rara vez se interpreta de forma sistemática. Precisamente esa brecha es la que Healthleap, fundada en 2022 en Sudáfrica por los hermanos Jemima y Josiah Meyer, pretende cerrar.
Según TechCrunch, la empresa ha asegurado ahora 38 millones de dólares, es decir, más de 400 millones de coronas suecas, procedentes de una financiación inicial de Sequoia Capital y First Round Capital, así como de una ronda de serie A liderada por Hummingbird Ventures. El dinero servirá para impulsar una plataforma que se conecta directamente al sistema de historiales clínicos del hospital y analiza tanto los datos estructurados, como resultados de laboratorio, constantes vitales y pesos, como el texto libre, más difícil de captar, de las notas de los clínicos.
— El historial de un paciente contiene dos tipos de información, explica el director ejecutivo Josiah Meyer a TechCrunch. Las señales más reveladoras están en lo escrito: poco apetito, pérdida de peso reciente, pérdida de masa muscular, dificultades para tragar. Nuestro método consiste en extraer estos conceptos clínicos de forma escalable.
El resultado es un sistema que señala a los pacientes hospitalizados que podrían presentar afecciones como la desnutrición o la confusión, diagnósticos que con demasiada frecuencia se pasan por alto hasta que se convierten en complicaciones graves. No se trata de sustituir a los clínicos, sino de darles un par de ojos adicionales cuando las plantas están llenas y el tiempo escasea.
El gemelo digital de la biología
Mientras Healthleap trabaja en la práctica clínica cotidiana, otro proyecto persigue algo mucho más fundamental. Según informa The Verge, Google ha decidido invertir en Chan Zuckerberg Biohub, la organización benéfica fundada por Mark Zuckerberg y Priscilla Chan, para construir juntos una llamada célula virtual.
El concepto es tan elegante como ambicioso. En lugar de llevar a cabo experimentos de laboratorio costosos y que requieren mucho tiempo, los investigadores podrán plantear preguntas biológicas de forma digital y obtener respuestas en tiempo real. Biohub quiere crear amplios conjuntos de datos de entrenamiento para IA basados en información biológica, que después modelarán cómo funcionan las células: cómo interactúan los genes y las proteínas, y cómo surgen las enfermedades a nivel celular.
Si el proyecto tiene éxito, podría reducir los plazos de investigación de décadas a meses. No es una mejora marginal, sino un cambio estructural en la forma en que se lleva a cabo la investigación médica.
Dos frentes, un avance
¿Qué hace que estas dos noticias sean especialmente interesantes en conjunto? Que demuestran que la IA aplicada a la salud avanza a varios niveles al mismo tiempo.
En un extremo del espectro está Healthleap: pragmática, anclada en la clínica y con un beneficio inmediato para los pacientes. El sistema no necesita avances biológicos: aprovecha los datos que ya existen y hace que los hospitales sean más eficaces aquí y ahora. Es transformación sin esperar al futuro.
En el otro extremo está la célula virtual: la revolución de la investigación básica, donde la IA asume el papel de banco de pruebas experimental para la propia biología. Los resultados de este camino tardarán en llegar, pero, cuando se materialicen, podrían redefinir todo el desarrollo de fármacos y dar lugar a nuevos tratamientos para enfermedades que hoy apenas comprendemos.
Lo que los une son el capital y la confianza. Inversores de capital riesgo, gigantes tecnológicos y organizaciones benéficas están destinando ahora grandes sumas a la idea de que la IA en la sanidad no es una hipótesis, sino una inversión en un futuro cercano.
Para los sistemas sanitarios de todo el mundo, incluido el sueco, la señal es clara: la transformación digital de la sanidad ya no es una cuestión de si, sino de con qué rapidez. Las organizaciones que empiecen a integrar estas herramientas ahora están creando una competencia y una infraestructura que se convertirán en una ventaja competitiva decisiva, no solo en términos de rentabilidad, sino también en la capacidad de salvar más vidas.